Opinión: Chicos guapos, plataformas, y la Square “de antes”

ffxvHace unos meses escribí un artículo en el que especulaba sobre eso tan particular que los fans llamamos la “esencia” de Final Fantasy. De paso, daba a Final Fantasy XV (que por aquel entonces todavía no había sido publicado) el beneficio de la duda por atreverse a hacer algo diferente, característica que paradójicamente argumenté como típica de la saga. Sigo firmando cada palabra de ese artículo, que lo sepáis. Pero ahora que por fin hemos tenido un tiempo para jugar a FFXV me gustaría hacer un par de reflexiones acerca de él y, de paso, hablar de los juegos de esa Square por la que tanta nostalgia sentimos. Porque creo que FFXV es, guste más o guste menos, un muy interesante recuerdo de esa época. Permitid que me explique antes de que me hackéeis el blog nada más estrenarlo, teniendo siempre en mente que todas las opiniones son válidas. Aunque la mía es siempre la mejor.

Nota: Como no sabía muy bien qué poner, el resto del artículo está decorado con capturas de Kingsglaive, esa basura película que Square-Enix me prometió que era importante para la trama de FFXV. Porque quiero dar un mínimo sentido a esas dos horas de mi vida.

FFXV no es en absoluto un juego perfecto. Pese a sus casi diez años de desarrollo, salta a la vista que se ha tenido que desarrollar deprisa y corriendo: su narrativa es espectacularmente torpe y obtusa, el sistema de cámara es un casi crimen de guerra, y aunque las misiones secundarias abundan, muchas de ellas no pasan de ser recados sin sustancia o simples cacerías carentes de un contexto digno. Además su sistema de combate, aunque divertido y espectacular, pocas veces requiere de ser explotado en profundidad, por lo menos dentro de las batallas a las que la trama nos obliga. DIOS MIO, ES UNA MIERDA, SQUARE-ENIX HA DEFECADO SOBRE TODO AQUELLO EN LO QUE CREO.

A ver, calma, Sasel. Que tampoco es eso.

Pese a sus numerosos problemas, FFXV tiene muchas cualidades redentoras: el cuarteto protagonista, aunque poco más que una boy-band estereotipada en apariencia, está muy bien desarrollado, y la relación entre sus miembros se convierte en el pilar que salva toda su trama. La banda sonora es como para enmarcarla. Su mundo abierto es lo suficientemente interesante, anima a la exploración, y algunas de sus mazmorras son de lo más intrincado que he visto en un JRPG reciente. Y en concreto hay una de la que quiero detenerme a hablar: La mazmorra de Pitioss.

OJO AL MANOJO: Aunque no voy hablar de ningún elemento de la trama de FFXV, sí voy a desvelar cierta sorpresa en su apartado jugable. Lee lo que viene a continuación bajo tu responsabilidad.

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El protagonista de Kingsglaive. Muy importante. No sale en el juego.

Pitioss es una mazmorra secreta, escondida en un rincón del mapa al que solo podremos acceder, como es habitual en la saga, con un vehículo volador. No tiene ninguna relevancia en la trama, y tranquilamente te podrías pasar el juego sin siquiera olerla, aunque es sin duda uno de los mayores y más extensos desafíos del juego. También el más interesante y único por el siguiente motivo: No hay en toda la mazmorra un sólo enemigo. En su lugar, debemos explorar un complejo y oscuro laberinto lleno de obstáculos, trampas, acertijos y estatuas gigantes de gente semidesnuda. En otras palabras: Pitioss hace que, durante varias horas, FFXV sea un puzzle-plataformer bastante sádico que recuerda a una mezcla de Tomb Raider y Dark Souls con chicos guapos. Y superada mi sorpresa inicial, la verdad es que se llevó mi más entusiasta aplauso.

 

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El mejor amigo del prota. Esencial en la trama. En el juego tampoco sale.

¿Plataformas en un Final Fantasy? Vale, admito que el control de Noctis no es todo lo preciso que convendría para una mecánica de éste tipo; algunos de los puzles piden más bien paciencia y saltos de fe que verdadera lógica; y el final de la mazmorra resulta bastante soso teniendo en cuenta el largo y tortuoso camino que te ha obligado a recorrer. Pero seamos sinceros: ni uno solo de los minijuegos de FFVII merece otra cosa que ser quemado en una hoguera, y sin embargo nadie concibe ese estupendo juego sin  sus horrorosas carreras de Chocobos, porque es una parte innegable de su encanto.

Además, Pitioss no es memorable por ser una idea especialmente meditada del equipo de desarrollo, sino por ser, precisamente, algo que parece estar totalmente fuera de lugar en un JRPG. Y eso es lo que hizo que Square se luciera en su edad de oro, y de lo que FFXV está lleno: los experimentos. Pitioss es el más extremo, pero ni de lejos el único: el coche, los combates en tiempo real, las fotos de Prompto, las misiones de infiltración, el polémico capítulo 13… Todas ideas a priori extrañas, con resultados variopintos. Doy la bienvenida a cada una de ellas.

Recuerdo cuando apareció Bravely Default y se nos cayó a todos la baba con él, dando gracias a los cielos por lo que se supone que es un retorno a la fórmula clásica que hizo grande a Square. Pero FFXV, con todos sus graves fallos, me recuerda que lo que hizo especial a la compañía no era algo tan gastado como los combates por turnos en un reino de caballeros y dragones; no tienen nada de malo, pero eso ya se lo dejo a Enix y sus maravillosos Dragon Quest. Lo que hizo grande a MI Square era tener los huevos de crear Parasite Eve, un survival horror con combates de RPG. Era sacarse de la manga Vagrant Story, un dungeon crawler que parece un Metal Gear escrito por Shakespeare. O Xenogears, con sus robots gigantes e idas de olla a la Evangelion. Y ya hablé en mi otro artículo sobre lo mágico de las diferencias dentro de la propia saga FF, de su admirable negativa a encasillarse dentro de una misma fórmula. Pero es que incluso The Bouncer, un juego de lucha (¡DE LUCHA, POR AMOR DE DIOS!) me parece más “marca Square” que Bravely Default, pese a todos sus cristales, sus magos blancos, y su supuesta nostalgia.

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Parecen muy importantes, ¿verdad?

Esa palabra es clave. La nostalgia es una sensación agradable en la que yo mismo me dejo caer a menudo. Con tanto remake, reboot y secuela, podemos decir que estamos en la edad de oro de la nostalgia. Porque vende. Square-Enix lo sabe. De ahí productos como World of Final Fantasy, ese adorable y a la vez vergonzoso ejercicio de onanismo digital que ha llevado a cabo la compañía. Pero también es peligrosa; demasiada nostalgia puede hacernos olvidar lo que de verdad hacía especiales esos viejos tiempos. Y la mayor ironía es que la Square que recordamos con cariño nunca se dejaba entretener demasiado por el pasado, sino que se centraba siempre en el futuro; en experimentar, en innovar y en forzar todo lo posible los límites del género. A esa Square no le importaba lo más mínimo lo que se suponía que era un JRPG. No le importaba lo más mínimo lo que nosotros pensáramos que tenía que ser un JRPG. Y la adorábamos precisamente por ello.

Así que bienvenidas sean las ideas fuera de lugar. Y bienvenidas sean las Pitioss.

Las Kingsglaive no. A las Kingsglaive que les den por el culo.

El tema:

Esta versión de Veiled in Black es lo que suena cuando Kingdom Hearts y Metal Gear Solid hacen el amor apasionadamente.

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