Reseña: The Last Guardian

729525.jpgNo pongo nunca notas numéricas precisamente por casos como éste. Si ya de por si es complicado gestionar las expectativas de un juego con diez años de accidentado desarrollo a sus espaldas, más lo es todavía si se trata de un juego ideado por Fumito Ueda, uno de los autores que más buscan en su obra una reacción emocional del jugador, y de los primeros a los que se acude cuando se busca en los videojuegos un ejemplo de expresión artística. No me da la gana reducir una obra de arte a un número, así que os vais a tener que leer el artículo completo sí o sí.

Y oye, que si queréis numeritos ya tenéis a Meristation. Ahí ponen decimales y todo. Bienvenidos a la primera reseña de este blog.

The Last Guardian es el tercer juego del Team Ico. No se han molestado en ocultarlo, porque todo en él recuerda a Ico y Shadow of the Colossus, los dos anteriores trabajos del estudio. La ambientación prácticamente lo sitúa en el mismo universo, por lo menos en lo estético. Utiliza también los mismos recursos narrativos: cero diálogos expositivos, trama minimalista rallando lo críptico, y énfasis en la relación entre los escasos personajes. A nivel de mecánicas parece casi la unión de ambos juegos: simplificando de la forma más ofensiva posible, en Ico guías y proteges a un ser adorable por un castillo y en SotC trepas por enormes criaturas; En TLG trepas por una enorme y adorable criatura a la que guías por un castillo.

Es un evidente sucesor, aunque también hereda aspectos más problemáticos, como un control que no es nada preciso para un juego tan plataformero como éste. Toma además el sistema de cámara, controlable por el jugador, pero con la manía de enfocar siempre que puede a Trico, la criatura que nos acompaña, en pos de la espectacularidad. Eso funcionaba muy bien en las vastas llanuras de SotC; pero los angostos corredores y escarpadas torres de The Last Guardian, aunque preciosas, suponen un cambio agobiante, sobretodo cuando a menudo Trico tapa casi todo el plano porque el pobre no cabe en otro sitio.

Pero la cámara hace bien en enfocarle, porque en realidad The Last Guardian ES Trico, la criatura. Y todo lo que he escrito hasta este punto es irrelevante porque, al margen de cualquier cuestión técnica o jugable, en realidad lo mucho o poco que te vaya a gustar The Last Guardian depende exclusivamente de lo que conectes con el animal. Yo conecté mucho, como se verá a continuación.

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Vale, de entrada intimida un poco.

Trico es una especie de híbrido gigante de ave, perro y gato que encuentras malherido al despertar en unas ruinas. Como buen chaval que eres le curas y alimentas, y él te devuelve el favor convirtiéndose en tu fiel aliado. Y menos mal que lo hace, porque todos los desafíos del juego giran alrededor de tu interacción con él; te protege de los enemigos, te ayuda con los púzles y te lleva allí donde no puedes llegar por ti mismo. Pero a Trico no le controlas directamente, sino que actúa según unas muy limitadas indicaciones, que él obedecerá o no según su criterio. O las ganas de entenderte que tenga la IA. Esta interacción a menudo confusa puede ser un elemento problemático, y supone una de las mayores fuentes de frustración del juego… pero también ayuda a establecer a Trico como un ser independiente con voluntad propia.

Admito que es una defensa bastante pésima de una IA limitada. Pero por frustrante que sea, todo aquel que tenga o haya tenido una mascota reconocerá que transmitir cualquier instrucción, por simple que sea, es tremendamente complicado. Así que como amante de los perros que soy, me resulta imposible no encontrar en ese problema un matiz muy entrañable. Y es que Trico es una criatura muy convincente de la que resulta muy fácil encariñarse enseguida. Todas sus acciones desprenden personalidad. Sus andares, sus bostezos, su forma de olisquear la comida, ese gesto de “no lo tengo yo muy claro” cuando le ordenas otro salto alocado a una columna a todas luces inestable. Si tuviera que compararle con alguien sería a Toothless, el simpático dragón de How to Train Your Dragon, porque han sabido imprimir en él toda clase de actitudes características de perros y gatos, hasta el punto que cada jugador creerá que lo han basado en su propia mascota.

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Pero luego es un amor.

Trico es también tu guardaespaldas. El niño protagonista está casi indefenso ante la mayoría de enemigos que pueblan las ruinas, así que será Trico quien se encargará de acudir a tu rescate cuando te encuentres en problemas, venga ese problema en forma de villano o de desafortunada caída. En ocasiones los papeles se invertirán, y deberás tú proteger a tu amigo, siendo esos algunos de los momentos más intensos y memorables del juego. Creedme, pocas veces he sufrido tanto por el bienestar de un personaje no jugable.

Es una pena que una relación tan mágica no haya podido llegar en un conjunto más cuidado, porque además de los heredados, The Last Guardian tiene algunos problemas nuevos: Aunque lo intenta suplir con unos escenarios verdaderamente espectaculares, hay serios problemas de rendimiento a nivel visual; los púzles no están nada inspirados, y dependen tanto del plataformeo básico y el “a ver qué pasa si salto hacia allí” que a ratos parecen sacados de Uncharted. Por no hablar del único ítem del juego, un… ¿espejo mágico que activa la cola láser de Trico sin ningún motivo aparente? No miento, es exactamente eso. En fin, elementos discordantes que, siendo objetivos, ensucian un poco la experiencia.

Y que, en realidad, acabaron por no importarme en absoluto, porque nadie debería juzgar la aventura de Trico y el niño  sin nombre por sus mecánicas o sus aspectos técnicos. No tiene mucho sentido. No es un producto que vaya a convencer a todo el mundo, y no lo pretende, por mucho que Sony se empeñara en ello. Tal vez The Last Guardian no me supuso una experiencia jugable particularmente sólida. Pero hizo que, al terminar los créditos, me abrazara bien fuerte a mi perra. No hay muchos juegos que transmitan eso.

Un tema

Tal vez la BSO de The Last Guardian no es tan espectacular como en el anterior trabajo del Team Ico, pero nadie puede negarle algunos temas verdaderamente emotivos.

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